miércoles, 3 de septiembre de 2014

Slowlife... desacelerando el paso...

Empieza el año lectivo y tras las vacaciones regreso con las energías renovadas y la cabeza llena de propósitos al más puro estilo de fin de año. No sé si es a esto a lo que se refiere la gente cuando afirman que en vacaciones recargan pilas, pero los paseos a pie de mar me sirven para ver mi cotidianidad con otros ojos y desear transformar mi día a día hasta encontrar la rutina perfecta.
En este nuevo curso se avecinan cambios en el horario laboral, podré tener más tiempo para dedicarle a Enma y para organizar con más calma los quehaceres hogareños y las actividades familiares. No quiero verme envuelta en la vorágine del año pasado de baños,  cenas, etc a toda velocidad para poder acostar a Enma a una hora decente para su edad. Y todo esto me lleva a la "slow life" que encabeza el título de este post. Pero empecemos por el principio...

Keep Calm And Slow LifeEl movimiento slow surge en Italia hacia el 1986 como reacción a la apertura de un restaurante de 'fast food' en plana Plaza de España en Roma. Algo debió remover entonces las entrañas del periodista Carlo Petrini cuando vio peligrar la dieta mediterránea por los hábitos alimentarios tan poco saludables que trataban de colonizar el viejo continente. Así surgió la 'slow food', que apuesta por los alimentos ecológicos,  autóctonos, estacionales y posteriormente,  como efecto dominó, las 'slow cities', el 'slow fitness', 'slow fashion', 'slow travel' y otros muchos aspectos a los que atribuirles tal calificativo. Entre ellos, el 'slow blogging' al que desde ahora mismo me sumo.
Como abanderado de la slowlife destaca Carl Honoré, autor de los libros 'La lentitud como método' o 'Elogio de la lentitud'. En él explica las pautas para bajar el ritmo, y como ésto no es sinónimo de hacer las cosas más despacio, sino lo mejor posible, viviendo el momento, dedicando a las cosas banales un tiempo pequeño para invertirlo en aquellas que son realmente importantes.  Se trata de tomar conscientemente el control de nuestro tiempo en vez de vivir bajo su tiranía. Calidad vs. cantidad.
Pensaba yo en mis días laborables y cómo desayuno de pie, viendo (más bien escuchando) las noticias y quitando el menaje del lavavajillas (todo-a-la-vez)... Puff, anti slowlife.
Recordaba mi forma de hacer turismo pegada al mapa y agobiada por todo lo que queda por ver sin tiempo para sentarte a tomar algo disfrutando del paisaje... Uyyy, anti slowlife.
Y me reía acordándome de lo que tardo en hacer una cama porque mientras, me surgen otras 100 cosas más que hacer, dejo todo a la mitad y no me organizo, por no hablar de la velocidad de vértigo con la que no como, sino ingiero... Anti slowlife...y todo rumiado a pie de playa.
10 propuestas pro slow life:
  1. Comer despacio, saboreando.
  2. Evitar precocinados (esto casi lo cumplo) y, al menos 1 ó 2 veces por semana elaborar un guiso a fuego lento, como hacían nuestras madres y abuelas (slowfood). Que mi dieta tenga un alto contenido en frutas y verduras y bajo contenido en grasas.
  3. Dormir lo necesario, ni más ni menos, siendo consciente de que mi agotamiento físico y mental es variable y por tanto también lo son las horas de sueño.
  4. Realizar una actividad a la vez, no varias al mismo tiemo (sí que me va a resultar difícil).
  5. No saturar la agenda de actividades. Particularmente lleno el día de tareas que luego soy incapaz de realizar y por eso me agobio con facilidad. Ser más realista a la hora de planificar.
  6. A partir de una determinada hora, no programar nada salvo las cosas que es obligado hacer. Tiempo "en blanco" para disfrutar con lo que surja con Enma (los días que pueda recogerla del cole) y con Oscar (nuestros 120 minutos diarios, que tanto me gustan).
  7. No mirar constantemente el reloj. Mejor poner alarmas con lo que vaya tocando hacer. El fin de semana no llevar reloj de pulsera.
  8. Realizar una actividad física moderada al menos 2 veces a la semana. Yo llevo un año enganchada al Pilates. El yoga, tai chi, natación, caminar, body balance (combinación de las 3 primeras) o cualquier otra disciplina suave o no tan suave pero que ayude a relajarnos será de gran ayuda (slow fitness).
  9. Practicar algún hobby que me haga sentir que no vivo sólo en la consulta para mis pacientes o en casa para mi familia. Yo tengo el tango, la guitarra, el gimnasio y este blog. Espero pronto retomar el Ikebana.
  10. Dedicar los últimos 30 minutos del día para escuchar música relajante, o echarme crema con automasaje, o leer tranquilamente o simplemente estar, antes de cerrar los ojos y activar el "modo-off".
Y vosotros, ¿volvéis con las pilas cargadas y el ánimo renovado?

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